Administradora de Empresas de la Pontificia Universidad Javeriana, con estudios de posgrado y formación internacional en desarrollo sostenible, derechos humanos, liderazgo y gestión, Nadia trabajó durante varios años en organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización de Estados Americanos (OEA). Fue precisamente durante su paso por Washington donde nació la idea que transformaría su vida de lo individual a lo colectivo. Allí imaginó una organización capaz de generar oportunidades reales para mujeres y niñas en situación de vulnerabilidad.
Es Nadia Sánchez: la mujer que convirtió los sueños de miles de niñas en una misión de vida.
Lo que comenzó como un proyecto fue reconocido por la Casa Blanca durante la administración de Barack Obama como una de las iniciativas emergentes destacadas a nivel mundial. Ese respaldo le dio la confianza para regresar a Colombia y convertir una visión en realidad. En 2016 nació la Fundación She Is. Desde entonces, Nadia emprendió un recorrido por distintas regiones del país para escuchar las historias de mujeres víctimas del conflicto armado, madres cabeza de hogar y jóvenes con escasas oportunidades educativas. Más que diseñar programas desde un escritorio, decidió construir soluciones desde el territorio, comprendiendo las necesidades reales de quienes enfrentaban las mayores dificultades.
Como directora de la Fundación She Is, Nadia Sánchez se ha convertido en una de las voces más influyentes de América Latina en materia de equidad de género, innovación social y empoderamiento femenino. Su historia no comenzó en los grandes escenarios ni en los reconocimientos internacionales. Comenzó con una convicción profunda: ninguna mujer debería ver limitado su futuro por la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades.

Por décadas, millones de niñas en América Latina crecieron escuchando que ciertos sueños no estaban hechos para ellas. Que la ciencia era un territorio lejano, que la tecnología pertenecía a otros y que las oportunidades dependían del lugar donde se nacía. Sin embargo, para Nadia Sánchez, una líder colombiana que ha dedicado su vida a romper barreras, esas creencias debían cambiar.
Con el paso de los años, She Is se consolidó como una de las organizaciones sociales más influyentes de la región. Su modelo de trabajo se basa en cuatro líneas de acción orientadas al empoderamiento económico, educativo y social de mujeres y niñas: She Is Esmeralda, She Is Gaviota de Paz, She Is STEAM y She Is Global Forum. Gracias a estos programas, miles de beneficiarias han fortalecido sus habilidades, accedido a procesos de formación y construido proyectos de vida con mayores oportunidades de desarrollo.
Pero si existe un programa que ha capturado la atención del mundo es «Ella es Astronauta». Nacido en alianza con el Space Center Houston, este proyecto abrió una puerta inédita para niñas latinoamericanas en condición de vulnerabilidad. A través de formación en ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas (STEAM), las participantes reciben mentorías, capacitación en liderazgo y la posibilidad de vivir una experiencia educativa en uno de los centros espaciales más importantes del planeta.
el verdadero propósito del programa es demostrarles a las niñas que los límites pueden superarse. Muchas de ellas provienen de comunidades afectadas por la violencia, la exclusión o la pobreza extrema. Al verlas caminar por los pasillos de un centro espacial, Nadia busca enviar un mensaje poderoso: el origen no determina el destino. Los resultados han sido contundentes. Miles de mujeres y niñas han sido impactadas por los programas de la fundación, que actualmente extiende su presencia más allá de Colombia hacia otros países de América Latina. El trabajo de Nadia ha sido reconocido por instituciones nacionales e internacionales, consolidándola como una referente en innovación social y liderazgo femenino.
Hoy, cuando el mundo debate sobre inclusión, igualdad y desarrollo sostenible, la historia de Nadia Sánchez demuestra que los cambios más profundos comienzan cuando alguien se atreve a creer en lo imposible. Su legado no se mide solamente en programas ejecutados o en estadísticas de impacto. Se mide en cada niña que descubrió que podía ser científica, ingeniera, emprendedora o astronauta; en cada mujer que recuperó la confianza en sí misma; y en cada comunidad que encontró una nueva esperanza gracias a la educación y al poder transformador de los sueños.
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